La fuente es conocida desde el siglo XVIII por las cualidades beneficiosas de sus aguas mineromedicinales, aunque el topónimo ya está presente en el Libro de Repartimiento de la villa de Almogía del siglo XVI con la grafía Roza de Capilla. El primer autor que hace mención al carácter ferruginoso de las aguas de la fuente es Cecilio García de la Leña -seudónimo del doctor Cristóbal de Medina Conde- quien, en su obra Conversaciones Históricas Malagueñas (1789), escribe que «bebida desopila los malos humores y su impresión es de cobre» y añade que son desostructivas y cargadas de azufre. Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico (1845-1850), también hace una reseña sobre el carácter herrumbroso de la fuente, la cual fue incluída posteriormente en el Censo General de las Aguas minerales de España (1876) del doctor Mariano Carrretero. Actualmente, nada queda del cortijo donde alumbraban las aguas de la fuente; situada en la ladera de una pequeña colina de la margen izquierda del río Campanillas, la fuente tiene el aspecto exterior de un pozo en el que se recoge el escaso caudal que exuda del terreno. El abandono en que está sumida, rodeada de abundante maleza, zarzas y adelfas hace temer que, en no mucho tiempo, la fuente corra el mismo destino que el cortijo: la desaparición.