También conocidos como Baños de la Fuensanta, en alusión a la garganta junto a la que están construidos, aunque las aguas que se utilizaban no tienen su origen en el arroyo que baja de la sierra sino en un manantial de aguas sulfhídricas situado a unos metros del edificio de los Baños, siendo conducida el agua por un acueducto labrado en la piedra hasta un pilón desde donde se distribuye a las albercas, con un caudal de tres arrobas por minuto (34,5 kg. ó l. aprox.).
Están situados en la falda norte de Sierra Bermeja, en un lugar bastante recóndito, en terrenos del Monte del Duque , finca privada propiedad de la empresa » Corcho del Duque, S.A.». pero el camino de los Baños es público, como consta en el «Inventario de Caminos Públicos del término municipal de Casares», por lo que conviene no salirse del camino.
Según describen las memorias de la época el agua es clara, transparente, con ciertos globulillos blancos en suspensión que, aunque escasos, producen sedimentos, su olor es ligeramente sulfuroso y el sabor astringente. La composición del agua, según los análisis de la época, justificaba su empleo, en bebida y baños, para tratar diversas dolencias entre las que sobresalían las alteraciones del aparato digestivo (fundamentalmente las irritativas y las que cursaran con trastornos hepáticos y pancreáticos), padecimientos nerviosos, hemorragias, escrofulismos y afecciones
La hospedería se construyó en 1.757, y que fue utilizado en el último tercio del s.XVIII y en el s.XIX. Durante la Guerra de Independencia fue destruido y posteriormente reconstruido por el Duque de Osuna, en 1848.
La remota localización de los Baños y la dificultad de su acceso suponía inconvenientes para el abastecimiento de comestibles, tarea que hacían arrieros que venían de Genalguacil y Casares.
Cuando la temporada de baños estaba en su punto álgido se establecía carnicería en la que se vendía chivo o macho castrado, así como leche y queso fresco. De Genalguacil o de Casares llegaban vendedores, mujeres en su mayoría, que ofrecían pollos, gallinas, huevos, caza menor, pescado fresco, legumbres y frutas, y a quienes se les podían encargar artículos que conseguían en Casares y llevaban al día siguiente.