Cerca del cerro de Peñón Negro, camino de la Cañada de Siete Lagunas, se contempla a vista de pájaro un lagunillo de singular forma triangular. Su topónimo presenta cierta confusión con otro próximo correspondiente a un humedal de mayor entidad, la laguna del mismo nombre (ver ficha). Seguramente por su pequeño tamaño pasó desapercibido en las descripciones de la Sierra, hasta que en 1993 es citado por Eugenio Fernández.
Situado a cota baja, alejado de la línea de cumbres y con poca cuenca vertiente, mantiene sorprendentemente bien el agua (aunque llega a secarse a final de muchos veranos), merced a la existencia de un potente cascajar que se nutre de la infiltración del deshielo de un gran nevero que se forma en su umbría cabecera, orientada al levante.
Aparte de su forma triangular, es de destacar un característico salpiqueo de curiosas y puntiagudos peñones que emergen de sus aguas.