CATÁLOGO
Manantiales y Fuentes de Andalucía
Coordenadas UTM (ETRS89)
Podemos llegar a las proximidades de la fuente desde Villamartín o Algodonales (Cádiz) abandonando la A-384, entrando a la zona de Cuatro Mojones donde hay dos ventas. Una vez allí localizaremos el trazado de la antigua carretera que tomaremos dirección Algodonales. A unos 2 km está la cancela de acceso al cortijo de Santiago donde se encuentra la fuente. Al ser propiedad privada debemos contar con el correspondiente permiso para visitarla.
Las instalaciones del manantial se encuentran al lado del cauce del arroyo de la Atalaya, que cuando se junta con el de Comares, pasan a formar el río Sarracín. El agua brota de una estructura de pozo poco profundo, recubierto por una alcubilla abovedada adosada a un antiguo muro que pudo formar parte de una estructura hidráulica (ver antecedentes históricos); tras salir de ella, el agua circula por un canal de ladrillos y vierte al primero de los pilares y de este al segundo, para acabar en el arroyo. Los dos abrevaderos son relativamente altos para ser usados por animales de porte medio (ovejas, cabras…) y alto (vacas, caballos, asnos…), aunque en un lateral del primero se observa un caño de desagüe para pilones bajos para los cerdos. Miden, el más largo, cerca de 6 metros y algo menos el otro.
El libro A los pies de Matrera se hace eco de esta fuente, dentro del capítulo «Sobre los límites del Campo de Matrera», donde podemos leer: «En el cauce del arroyo se edificó una estructura hidráulica cuyo lado conservado, en el que se aprecia el arranque del fondo, tiene 6 m de lado y corta el arroyo transversalmente. Esta construcción debió destruirse con el reencajamiento del arroyo, que descalzó la obra original».
Personas que vivieron en el cortijo de Santiago nos cuentan el gran uso que tuvo la fuente para el abastecimiento del rancho propio, al que se acudía diariamente a buscar el agua para uso doméstico y también de otras fincas cercanas. Dada la amplitud de los pilares eran usados como piscinas para regocijo de los niños y jóvenes.
Entre los vecinos de la zona corría una leyenda que entusiasmaba a los más jóvenes, esta señalaba a una gran piedra cercana como «la roca del tesoro», asegurando que debajo de ella «El Moro» había guardado una gran fortuna en monedas y alhajas; pero también afirmaban los mayores que contaban la historieta, que si se quitaba de su sitio el gran peñasco se secaría el venero de agua, planteando sabiamente qué tesoro era más importante: el agua que daba la vida al cortijo, a los humanos y a los animales o la fortuna de unas monedas de oro que cabía la posibilidad que no estuvieran allí. El caso es que nadie osó levantar el gran pedrusco que no es otra cosa que parte del muro de la antigua construcción hidráulica, sin duda otro «tesoro».
En la foto en blanco y negro de 1993 aproximadamente, vemos junto a la niña (Rebeca es su nombre) un tubo negro que realmente no venía de la fuente; se utilizaba para darle de beber a las cabras y era agua del arroyo sacada de su cauce más arriba. Tenía carácter temporal.
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Fuente del MORO
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