Alberca situada unos 170 m al N de las ruinas del cortijo de la Gallinera, en medio de una finca de olivar en pendiente a la que se conoce como «La Ramira» desde siempre.
Consta de un muro de contención en uno de cuyos extremos aparece un caño metálico, totalmente colmatado por el depósito calizo del agua que lo hace inservible, y otro caño más alto de polietileno por donde sale en la actualidad su caudal. A pesar de no ser muy copioso, es capaz de aguantar sin secarse en los periodos de sequía. La construcción está realizada a base de ladrillo revestido con cemento y el sobrante cae al exterior libremente, lo que resulta muy atractivo para los jabalíes, como podemos apreciar por la charca de barro que tienen excavada junto a la fuente.