A lo largo del tramo costero acantilado entre Mazagón y Matalascañas se producen descargas de aguas subterráneas a través de numerosos rezumes más o menos concentrados. La descarga más conspícua corresponde al Caño de la Torre del Loro (ver ficha).
Aquí tenemos otro ejemplo singular de este fenómeno que se individualiza en un modesto pero curioso caso de humedal efímero desarrollado en la playa alta al pie del acantilado. En este sector, allí donde por la dinámica geomorfológica de la playa se originan depresiones en las que se alcanza el nivel freático, se forman charcas de agua dulce por los aportes subterráneos.
Este fenómeno de formación de la charca es efímero, pues depende de la dinámica cambiante que ejercen los temporales, mareas y vientos sobre los sedimentos arenosos depositados en la playa alta al pie del acantilado. Cuando se dan las condiciones se generan las charcas que después, con el tiempo, desaparecen para generarse en otros lugares. Como el proceso hidrogeológico de descargas sí es permanente, la formación de este tipo de charcas de ubicación cambiante se repite de un año a otro allí donde se den las condiciones. De hecho, en la ortofoto de ubicación, de fecha más antigua,aparecen dos antiguas charcas ya desaparecidas mientras que la charca actual inventariada aún no existía.
Dado el carácter dulce del agua acuden a estos lugares gaviotas, así como jabalíes y venados. En ocasiones, cuando la charca permanece por varios años sus orillas llegan a ser colonizadas por una ceja de tarajes (Tamarix) que persisten en el tiempo, incluso una vez desaparecida la charca, hasta que les llega un temporal erosivo.