Partimos desde la Calle de la Hoz, por el último tramo de río encauzado y habiendo dejado atrás un numeroso grupo de ocas llegamos al puente de Toba de Madrugá. A partir de aquí aumenta el grado de dificultad, cambia por completo la orografía del terreno entrando en la montaña. El relieve más irregular, la vegetación más frondosa y variada, mayor biodiversidad que le confiere al río un aspecto más natural. Siguiendo una senda paralela al agua con barandillas, pasamanos, pasos elevados y puentes de madera que más tarde nos llevará hasta la última etapa de la subida, mientras toca disfrutar con una arboleda variada, arbustos y plantas que gustan de la humedad y la sombras. Hierbas medicinales, orquídeas y plantas aromáticas. Sin olvidar la presencia de una rica avifauna que a modo de ejemplo cabe citar el mirlo acuático que nos ha acompañado toda la travesía con sus vuelos cortos y rasantes. La presencia de esta ave supone un buen indicador de la salud de las aguas. Hemos superado El Molino de la Fárraga, varios saltos de agua y pozas cristalinas, pozas que aquí llaman pilones y tienen su nombre -Alpargate, del Fresno, la Mina… piscinas naturales para amantes de agua muy fría.
Aguas arriba nos aguarda el último puente de madera frente a La Fábrica de Nacelrío, cómo no, otro antiguo Molino. Aquí enfilamos el tramo de montaña que nos conducirá por una senda poco definida con una fuerte subida que nos ha de llevar a la pista dónde está la fuente del nacimiento del Cerezuelo a los pies del Gilillo.
Habremos invertido más o menos unas tres horas de paseo por un rico, diverso y frágil patrimonio natural y cultural que se ha de preservar.