Saliendo de Sedella por la parte más alta del pueblo, enseguida nos encontraremos unos muy bien cuidados huertos, alimentados por una acequia que reparte sus aguas entre los mismos. Siguiendo la acequia, en pocos minutos llegaremos a un altozano donde nos aguarda esta bella y remozada instalación, que hasta no hace mucho era símbolo de bienestar y progreso en la localidad. Sorprenden varios aspectos de la construcción, la cuidada restauración, con su rodezno y palas perfectamente visibles desde la bocana, el muro de mampostería que lleva el agua al cubo hasta la parte de atrás y una enorme alberca perfectamente encajada en el terreno para asegurar el abastecimiento del molino.
El edificio es de un blanco luminoso a dos plantas que bien pudiera pasar por un cortijo de la zona, por uno de los laterales discurre la acequia que se adentra hasta el pueblo.
Existe una fuente de agua potable junto a la entrada principal.