Uno de los ingenios hidráulicos a los que dieron movimiento las aguas del arroyo del Bejarano fue el molino del Martinete, seguramente de origen islámico-califal, o posiblemente romano. Una pequeña presa o azud de mampuesto de la que aún se observan algunos vestigios, desviaba gran parte del caudal hacia una canalización que corría a cota de suelo, y que en la actualidad se encuentra prácticamente sepultada.
Antes de llegar hasta este molino, el canal pasaba por una serie de albercas que servirían como depósito y aseguraban un caudal constante para alimentar la rueda motriz. Se trata, como su nombre indica, de un molino de batir cobre situado muy próximo a las minas de las que se extraía este metal (se llama “martinete” al gran mazo de forja que había en las ferrerías.
El edificio, que llegó a tener dos plantas, está en desuso al menos desde finales del siglo XIX.
El lugar ya estuvo habitado desde época romana, que extrajeron minerales de la zona. La estructura de la construcción ha experimentado diversas reformas a lo largo de los siglos. Según diversas fuentes su primera ocupación fue la de batir cobre y en épocas mas recientes una fábrica de paños.