CATÁLOGO
Otros puntos de interés
Coordenadas UTM (ETRS89)
Este precioso pozo-abrevadero que aquí nos encontramos se localiza a unos 2 km al NW de La Puebla de los Infantes, en medio de una haza en el paraje denominado «El Ruidero». El acceso es muy sencillo: a la salida de la población por la ctra. SE-6102, se continúa en dirección Constantina por la SE-7103. A pocos metros de la intersección, aparece una explanada a la derecha donde se ve la cancela de la finca “El Ruidero C.B.”. A partir de ahí continuaremos por el carril de la derecha que nos lleva directamente a una casilla junto a un zahurdón. El pozo se halla a menos de 200 m de la carretera y a unos 70 m de la casilla.
El pozo está protegido por un embovedado con cúpula semiesférica que aporta buena protección tanto para la higiene del agua como para evitar la caída accidental de personas o animales. El revestimiento del pozo está hecho de materiales totalmente autóctonos, mediante la técnica propia de los árabes, que prescinde del ladrillo, posiblemente por lo económico del material. Este tipo de construcción solía ser complicada y requería de astucia, paciencia y sabiduría, rasgos que los árabes poseían con generosidad. En estos casos, huelga decir, lo peligroso que resultaba la colocación de piedras durante el entibado, teniendo en cuenta que si quitásemos dos o tres de las de abajo o bien se deslizaran por accidente, todo el conjunto caería como si de un alud se tratara. Un pocero ecijano con mucha experiencia me contó una vez una anécdota a propósito de ello: Hallándose una vez el dueño de un pozo de estas mismas características mirando hacia el fondo del mismo, pudo ver, por pura coincidencia, cómo desde abajo comenzó a derrumbarse todo el conjunto como si de un castillo de naipes se tratara, quedándose totalmente obstruido, al mismo tiempo en que pudo retirarse para no ser sepultado entre las piedras.
A su paso por «El Ruidero» discurre el arroyo El Toril, en dirección NE-SW hacia su desembocadura en el embalse de José Torán. Esta zona está vinculada a la metalurgia y a antiguas explotaciones mineras (cobre, plata, plomo argentífero…), y a menos de 500 m junto a la ribera del arroyo, se encuentra la fuente del Cañuelo.
La arquitectura exterior del pozo tiene una altura inferior a 4 metros. Posee un detalle ornamental: una punta de flecha sobre cúpula. El exterior del pozo está encalado, y los materiales empleados para su construcción, ladrillos y mortero de cal y arena. Adosado al pozo se encuentra el abrevadero, de 2 m de largo, 40 cm de alto y menos de 30 cm de profundidad. No se encuentra encalado.
El pozo se compone de puerta de dos hojas de hierro de 95×76 cm, con pestillo para su cierre y con las siglas “J.M.”, que son las iniciales de su propietario. Abierta la puerta, en el interior se aprecian dos mechinales y un revestimiento interior encalado sólo la parte superior.
De la cúpula cuelga una pequeña polea empleada para sacar agua mediante un cubo, aunque, por lo que se ve, hace tiempo que no se usa. La profundidad del pozo es de casi 9 m (3 m de agua a finales de enero), la circunferencia es inferior a 6 metros y su diámetro de 1,12 m. El espesor de sus muros, de 34 cm. El entibado está construido en piedra, tal y como se refiere en el apartado «Descripción».
Este pozo se construyó en torno a los años 60 del siglo XX, y lo más característico de él, aparte de su arquitectura, es el paraje donde se sitúa: «El Ruidero» (antaño Donadío lo mismo que “El Castril”) es un vocablo común que alude a «ruido intenso y repetido». En la toponimia local está vigente desde el siglo XIII (1255), ya que fue el nombre designado por el rey D. Alfonso X en su carta de donación del Donadío de Castril otorgada a su sobrino D. Enrique Enríquez, y que viene a ser nombrada como “Roydero”. Anteriormente, en tiempos de la conquista musulmana esta tierra recibió el nombre de “Ciphar-Maha”. Pero además de su breve antecedente toponímico, y atendiendo a nuestra historia más reciente, estas tierras son conocidas por haber sido parte de uno de los escasísimos yacimientos arqueológicos del término municipal de La Puebla que tuvieron lugar a fines de los 80 del pasado siglo. En el área estudiada aparecieron materiales dispersos, entre ellos, abundantes escorias y otros elementos relacionados con la metalurgia (fragmentos de toberas y mineral en bruto), además de algunos fragmentos amorfos a torno, lo que, unido a las características de las escorias, hicieron pensar en un momento avanzado excluyéndose la metalurgia prehistórica. Para más información, léase “Prospección arqueológica superficial de los terrenos afectados por la presa José Torán en La Puebla de los Infantes” (Ojeda Calvo, Reyes; Santana Falcón, Isabel; García Gómez, Antonio, 1990).
Entre ensoñaciones, narraba el poeta local Juan Bernaza Castro (2014) la historia de Abdalí, quien al llegar al “Valle de Valgruado” (luego “El Castril” en tiempos de la conquista cristiana), enamorado de la fertilidad de estas tierras, “mandó construir un Molino para los cereales, a los pies de “Ciphar-Maha” (nuestro ruidero) aprovechando la rica afluencia de sus aguas…
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Pozo-abrevadero de EL RUIDERO
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