Manantial situado 150 m al N del Cortijo de los Padres del Carmen, en el fondo de una vaguada poblada por olivares y cerca de un bosquete de pinos carrascos. Junto a la fuente destaca la presencia de una gran encina y un madroño también de considerables dimensiones.
Antes de conocerla, le pregunté a un operario del cortijo el porqué de su nombre y me contestó que se debía a que había un botijo allí. Sin saber muy bien a qué se refería, me acerqué un día a verla con curiosidad y mi sorpresa fue mayúscula: hay, en efecto, un botijo en la fuente, pero se trata de un botijo de unos tres metros de altura por otros tantos de ancho que destaca desde lejos por su tamaño y su color blanco. Hace la función de arqueta, ya que tiene una puerta metálica que da acceso a su interior. Junto a este curioso objeto se encuentra el conjunto de la fuente, que consta de un muro de contención de forma semicircular y posee varios sentaderos y dos columnas adornadas con piedra vista. Junto a la pared hay también dos piletas y una piedra de lavar. Al pie del muro de contención hay una alberca rectangular que está llena de espadañas donde cae el agua que sale desde un tubo de plástico poco estético. Todo el conjunto parece estar destinado a ser un lugar de esparcimiento de los habitantes del cercano Cortijo de los Padres del Carmen, ya que hay un carril que llega a ella directamente desde esta vivienda y todavía se conservan varios rosales y los restos de una estructura metálica que sostenía una parra que daría sombra en el verano y haría del sitio un pequeño vergel.
Sus aguas deben drenar la pedriza de calizas y radiolaritas del cerro llamado La Maleza, situado por encima del manantial. Su caudal no es muy abundante, pero aguanta bien las sequías.
Aunque actualmente se halla sucia y en mal estado de conservación, su fisonomía, el paraje donde se halla y, sobre todo, su enorme botijo, hacen de esta fuente una de las más atractivas de todo el parque natural.