El acceso más cómodo es el que comienza en la barriada malagueña de Carlinda, al final del Camino de San Alberto, donde arranca un carril que al cabo de 5 km. nos dejará en un collado, a apenas 60 m. de las ruinas en que se ha convertido la Casa de la Tormenta, nuestro destino.
La alberca (x=369563,98, y= 4069754,19, z= 420) se encuentra cerca de los escombros y también está en deplorable estado, debido al abandono y a la acción de la gente que pasa por aquí; la técnica y los materiales empleados en su construcción son los observados en la inmensa mayoría de esta clase de estructura hidráulica que hemos estudiado en los Montes de Málaga: mampuestos para el cuerpo y ladrillos tochos para cubrir la parte superior de los muros, en uno de los cuales se ve el atanor por el que le llegaba el suministro de agua.
Ésta procedía de una cercana cañada, Hay que introducirse en la espesa vegetación -las zarzas lo convierte en una dolorosa experiencia- hasta encontrar un pequeño muro alzado con piedras que delimita el diminuto pozo donde aún se almacena el escaso caudal que rezuma por los alrededores. Justo al lado quedan algunos indicios de una pileta -en realidad, sólo el fondo enfoscado- de la que partía la tubería de barro que llevaba el agua a la alberca. De la canalización únicamente podemos ver algunos restos, principalmente la base de mortero sobre la que discurría.
Para acabar y en relación con el agua captada, hemos advertido que el rezume ha desaparecido casi por completo en el entorno del pozo-aljibe, posiblemente debido a la gran cantidad de materiales arrastrados por las arroyadas en época de lluvias, que se han acumulado en una gruesa capa; sin embargo, no hay más que bajar unos pocos metros por la cañada para comprobar la existencia de numerosas filtraciones que generan una débil corriente.