Las salinas de Duernas se encuentran junto a la carretera N-432, de Córdoba a Granada, entre Santa Cruz y Espejo en plena campiña cordobesa.
Caracterizada por su hipersalinidad, el agua de este enclave cordobés multiplica por cuatro la sal del mar Y precisamente esas salmueras naturales del suelo de Duernas son las que desde hace siglos se aprovechan para extraer el mineral, primero con norias de sangre y después con mecanismos perfeccionados, para extraerla hasta la superficie y canalizarla hasta las piletas cristalizadoras donde se evaporaba el agua y quedaba la sal pura.
Su producción anual –de hasta 3.000 toneladas al año de manera constante- ha hecho que la vida de las Salinas de Duernas no se haya detenido en todo este tiempo. Ocupan unas 11,5 hectáreas que aún se conservan a la vista del visitante y hablan de la época romana dados los vestigios encontrados.
El agua vertía a una alberca desde donde era distribuida por unas «canaletas» hacia las «piletas, pilas o pozas». En el transcurso de cinco o seis días se producía la evaporación y la consiguiente precipitación de la sal, que posteriormente era amontonada en las «calles» empedradas. Ahí se dejaba secar durante un par de días más antes de almacenarla en una nave construida al efecto.