Actualmente destruida y ya desaparecida por completo, se trataba de una fuente antigua, alimentada por un venero abovedado en arco de medio punto, que acumulaba agua en su fondo a modo de pequeño aljibe-decantador. Su diámetro era de unos 80 cm. y poseía un pequeño abrevadero circular de ladrillo macizo. A mitad del siglo XVIII, fue intervenida con una pequeña obra que consistió en abrirle un drenaje extra a mayor profundidad (2-3 m) y conducirlo pendiente abajo en una longitud de unos 30 m., hasta hacerlo asomar por un cañuelo 4 m. de cota más bajo que la galería original. El motivo de la ampliación, se hizo probablemente para aumentar el tiempo de uso de dicho manantial, ya que los largos períodos de sequía existentes en la zona (Desierto de la Parrilla) hacían exigirle el máximo rendimiento a estos acervos, hasta la llegada de las lluvias otoñales. El autor de la obra firmó con las siglas F.A.J. o F.A.L. en el año 1750. Curiosamente se hizo 19 años antes de que se ocuparan las tierras anexas a poco más de 275 m., por colonos centroeuropeos alistados dentro del experimento sociológico ilustrado llevado a cabo por D. Pablo Antonio de Olavide para repoblar todas las zonas baldías del área de la Parrilla, concretamente el cercano núcleo de Fuente Palmera ( a poco más de 1 Km).
Hasta mediados del siglo XX (1950-1960) los lugareños de las fincas cercanas estuvieron usando este agua para el consumo humano, ya que el ganado abrevaba en la antigua fuente de Guadamelenas, situada a 370 m. en línea recta. No molestaba para el cultivo tradicional, al estar justo en un lindero de diferentes fincas. Fue arrasada en los años 90 cuando se empezó a intensificar el rendimiento de los cultivos de algodón y a sembrar hasta en las orillas de los arroyos, destruyendo buena parte de la flora de ribera, más movidos por la codicia que por la ignorancia de muchos agricultores de la zona. Sin embargo el cañuelo construido en 1750, permaneció protegido precisamente por una trama de higueras hasta nuestros días.