Ubicado en la orilla izquierda del Arroyo de Chaperas, del Lagar de Santillana apenas quedan en la actualidad 3 muros de la que fue la vivienda, de planta cuadrada y desarrollada en altura en el sentido de la pendiente; estos restos permiten deducir que en la planta baja se situaban las estancias de trabajo (lagar, bodega, cocina y cuadras); en la primera, los dormitorios; y la segunda es posible que sirviese de almacén o trastero. A escasos metros de las ruinas, disimulada por la maleza, existe una pequeña alcubilla cilíndrica coronada por una cúpula, construída con hileras de ladrillos tochos alternando con mampuestos, todo en muy mal estado de conservación; si nos asomamos al interior veremos una tubería de cerámica por la que fluye una delgada corriente. Como el depósito está aterrado, el agua se desliza por el terreno y cae sobre los restos de lo que en su día fue una alberca, de la que únicamente se conserva una pared pues todo lo demás desapareció por la construcción de una pista forestal. Conocer la procedencia del agua es difícil; podría venir de una mina situada aguas arriba del arroyo pero no se ven conducciones por los alrededores, por lo que tendremos que asumir que el nacimiento surge en la misma alcubilla.