Se encuentra a unos 4 km al noroeste de Lucena, junto al cortijo que le da nombre, muy conocido entre la población lucentina y fácilmente localizable por la arquitectura tan particular de la casa, la belleza de su fachada y la existencia en la finca de dos altas palmeras poco habituales en la región. Se accede por la antigua carretera nacional de Córdoba-Málaga, después de pasar por el polígono industrial de Los santos. Nada más tomar el desvío hacia la pedanía de las Navas del Selpillar y Moriles se encuentra el cortijo. En el interior de la finca, antaño rodeada de un muro perimetral, se observa un hermoso estanque de unos 9 x 9 m con muros al ras del suelo hechos de grandes sillares y losas de caliza nodulosa rojiza, el cual más parece haber servido como piscina de recreo que de alberca de regulación para riego. El agua circula permanentemente hacia el estanque desde una pequeña arqueta de planta cuadrada que debe conectar con una conducción de captación procedente, casi con toda seguridad, de un pequeño humedal situado 80 m al norte del cortijo, en una finca no construida localizada al otro lado de la carretera de las Navas y de la vía verde.