CATÁLOGO
Manantiales y Fuentes de Andalucía
Coordenadas UTM (ETRS89)
La surgencia natural se encuentra en el sótano de una casa particular, en la c/ Juan de Mena, en el centro de Córdoba. Una de las fuentes a las que abasteció se conserva en la c/ de la Feria de Córdoba. El primer autor que puso su atención en él fue M. Ángel Ortí Balmonte, quien en su «Córdoba monumental, artística e histórica» se refiere a este lugar como la «Casa del Agua», llamado así desde época de Góngora. Poteriormente en 1981 el periodista Sebastián Cuevas publicó un reportaje donde recogía los testimonios de dos historiadores de prestigio, Manuel Salcines y Manuel Ocaña, acerca de este manantial. Ellos afirmaban que sus aguas procedían de «un lago que debe haber debajo de Córdoba y que ya por los años veintidós o veintitrés fue visto sin que nadie se atreviera a investigar sobre él. Es una cueva de estalactitas y estalagmitas, con un lago de aguas puras, claras y transparentes que vienen desde la Sierra (…)» Ocaña describía en esa entrevista «la clarísima forma en que se percibe el sonido del agua sobre el altar mayor de la Iglesia de la Compañía (antigua Iglesia de Santo Domingo de Silos)» (López y Povedano, 1986: pp. 18-19). Después, lo que sólo fue una suposición, ha quedado como certeza en la memoria colectiva de los cordobeses, que piensan tener un lago en el centro de la capital.
Este manantial es el punto de origen de una conocida conducción que formó parte del sistema de abastecimiento de aguas a Córdoba desde época medieval hasta el s. XX. Ésta conducción se denominaba Aguas de Santo Domingo de Silos por el lugar en que nacían, detrás del altar de la Iglesia que hemos citado, es decir, en la casa del Agua de la c/ Juan de Mena. El manantial se conocía probablemente a partir de época islámica, pero el documento más antiguo que se refiere a la administración de sus aguas data de 1241. En este documento Fernando III dona a los monjes del Convento de San Pablo la tercera parte de unas aguas que fluían bajo la muralla que separaba la Villa y la Ajerquía y se dirigían hasta la Puerta Piscatoria, cerca del Guadalquivir (Castaño, 1978: pp. 116 y Escobar, 1989: pp. 97-98). En 1246 el mismo monarca concedió otra tercera parte de dichas aguas al Convento de San Pedro el Real, dejando la tercia restante al Concejo. El Concejo le cedió la parte que le correspondía de estas aguas a ambas comunidades a cambio de que cada una de ellas instalase sendas fuentes en la calle a la que podrían acceder los habitantes de la zona, poco urbanizada en el momento de la donación, pero en plena expansión en las décadas que siguieron (Escobar, 1989: pp. 236). San Pablo y San Pedro el Real (posterior San Francisco) mantuvieron la propiedad de estas aguas hasta que en 1835 éstas y las canalizaciones por las que eran conducidas se incluyeron en los inventarios previos a la desamortización de sus bienes (López, 1997: pp. 45-47). El lugar en que construyeron ambas fuentes fue la Plaza del Salvador, ya desaparecida, y la calle de la Feria. En esta última vía aun existe un pilón y una fuente, ambos contemporáneos herederos de la que se construyó en época de Fernando III (Pizarro, 2009: en prensa).
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Venero de SANTO DOMINGO DE SILOS
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