CATÁLOGO
Otros puntos de interés
Coordenadas UTM (ETRS89)
Pozo manante de La Puebla de los Infantes que destaca por la singularidad de su emplazamiento en el interior de la habitación de una vivienda particular situada en la calle Pozo nº 44, a la subida a la derecha en dirección al castillo. Este pozo, de titularidad privada, da nombre a una de las calles del casco antiguo de mayor arraigo en la localidad, cuya rotulación aparece ya referida en un plano de población de finales del siglo XIX.
Se trata de un pozo excavado de forma manual y de mampostería poligonal con una profundidad estimada comprendida entre 7-10 m. Presenta entibado de mampostería poligonal de piedra sin mortero y sobre un terreno aparentemente poco consistente. El pozo se encuentra en la hueca de una escalera que da al piso superior de la casa nº 44 A. En el momento de su descubrimiento, el 27 de febrero de 2026, el brocal estaba tapado por una tabla de madera, un saco de plástico y una vieja chapa oxidada. Antiguamente este pozo tenía instalada una bomba hidráulica manual. El brocal tiene más de 1 m de diámetro, unos 20 cm de grosor y poco más de medio metro de altura. Contiene materiales modernos de construcción en el brocal con subida de tres hileras fabricadas con ladrillo perforado.
Pozo posiblemente construido entre los siglos XV y XIX. En el plano de población de La Puebla de los Infantes del año 1893 aparece ya mencionada como calle del Pozo. En el mismo lado de la calle donde se encuentra el pozo que nos ocupa, otras viviendas disponían de pozos en sus patios o corrales.
En la actualidad, la rotulación de la calle comienza a la altura de la esquina de la actual calle “Genaro Martínez” hasta su confluencia con el Arquillo y calle Castillo. Sin embargo, antiguamente el primer tramo de esta calle hasta el “callejón de La Pepica” (travesía Pozo-Tambor) recibió el nombre de calle “Llanada”, la cual pasaría a llamarse “General Varela” en la sesión extraordinaria celebrada el 1 de septiembre de 1936, cuando se aprobaron las rotulaciones, mientras que el segundo tramo, desde el callejón de “La Pepica” hasta “El Arquillo” era calle del Pozo, antaño rotulada “General Cabanellas” (datos facilitados por Juan José Toribio García) y recibiendo su actual rotulación, ya toda ella hasta el final de la calle Castillo en el año 1979, siendo alcalde-presidente D. Pastor García Llamas.
Varios metros calle arriba del pozo que nos ocupa, se instaló una fuente urbana a la izquierda, en la confluencia con el Arquillo a la subida al Castillo. Esta fuente, de similar arquitectura a la fuente situada en “El Pradillo” de la actual calle feria (ficha CTF 1.415), sería retirada en la década de los 70 del siglo XX.
En la década de los 70, Francisco Martínez Maidero (1941-2009) y Antonia Ruiz García (1941-2018) compraron a la familia Castro la casa aledaña al patio donde se encontraba el pozo. Antiguamente junto al pozo había un naranjo que, según cuentan, era de gran tamaño, en lo que fue un patio vecinal dentro de un callejón que tenía una fachada de unos 2 m de ancho x 8 o 10 m de profundidad. A través de este patio de vecinos se tenía acceso a la zapatería de Juan Manuel. Francisco y Antonia vivieron en esta casa con sus cuatro hijos: Francisco (1966), Antonia (1967), Rafael (1971) y Miguel (1979). En la actualidad, esta vivienda es propiedad de su hijo Miguel Martínez Ruiz. Recuerda Miguel que cuando era niño, “tendría unos 5 o 6 años, alguien del vecindario cuya identidad no recuerda, iba a por agua al pozo y la recogía en cubos”, luego en los años 80 se le dio el último uso público, quedando éste dentro de una habitación de la vivienda. Años más tarde, al construirse un piso superior propiedad de la hija de Francisco y Antonia, quedaría bajo el hueco de la escalera.
El pozo nunca se ha agotado, incluso hubo años en los que tal era su nivel de agua que se podía llenar directamente un jarrillo para beber. En una ocasión el pozo fue vaciado para su limpieza y para ello Francisco Martínez Maidero hizo uso de un motor que llevó a que los otros pozos de las otras casas del mismo lado de la calle se viniesen abajo.
Este pozo tenía instalada una bomba manual y a medida que se iba distribuyendo el agua potable a las casas y se iban realizando obras de adecentamiento y pavimentación de la antigua calle entre finales de los 70-principios de los 80, Francisco Martínez solicitó permiso al Ayuntamiento para quitar la bomba, y para ello, recuerda su hijo Francisco “se echó la bomba a cuestas calle abajo y se dirigió al Ayuntamiento para su entrega”. La bomba estaba situada en la calle y se comunicaba con el pozo a través de un tubo galvanizado”. (Testimonio oral de su hijo Francisco Martínez Ruiz).
A propósito de la antigua bomba, de ahí viene la letrilla de una canción, en palabras recordadas por Miguel Martínez Ruiz (testimonio recopilado el 2/3/2026):
“Por la calle de la bomba
hay una zapatería,
donde van las niñas guapas
a tomarse la medida.”
Y en el recuerdo de Manoli Carrasco Alcobendas (testimonio recopilado el 3/3/2026), la cancioncilla que de niña la acompañaba mientras jugaba a la comba (¡la de chiquillos que antaño jugaban por las calles y por el barranquillo de la calle!), la canción completa decía:
“Por la calle de la bomba
hay una zapatería,
donde van las niñas guapas
a tomarse las medidas.
Con el vestidito corto
se le ven las pantorrillas
y el maestro de vergüenza
se ha caído de la silla”.
Las fuentes orales que nos llegan a día de hoy mencionan la bomba hidráulica manual que se empleaba en este pozo, de ahí viene que en el vecindario la calle fuera referida popularmente como calle de la bomba y que de ahí se popularizase y diese pie a la creación de esta cancioncilla. El uso de bomba manual revela que el acuífero está a poca profundidad, ya que estaría limitada por la presión atmosférica a una profundidad de operación de menos de 7 m.
El poeta local Paulino González Jiménez, en su poemario “Pretérito Imperfecto” (2003), sección Callejero virtual II, dedicó este poema a la calle del Pozo:
La niña salta a la comba
-blanca enagua, lazo blanco-
mientras el agua en la bomba
solloza junto al barranco.
Calle de empedrada cuesta
en donde para la fiesta
se adorna un balcón grandioso.
No hay pozo en la calle esta,
pero es la calle del Pozo.
En la recopilación de relatos orales encontramos el testimonio de Antonio Pascual Almenara: “Yo me acuerdo perfectamente del pozo, que estaba dentro de un solar que pegaba al rincón, subiendo a mano derecha, justo antes de empezar a subir la cuesta, no sé de quién era, pero la pieza o palanca que se le daba para sacar agua con la bomba, había que recogerla en una casa, dos o tres más arriba del rincón, y le pagaban algo, no creo que fuera más de un real, 25 céntimos de peseta, y una vez cogida el agua, la persona que lo había usado desmontaba la pieza, cerraba la puerta de la calle y la volvía a entregar. En ese rincón a un lado estaba el pozo y al otro hubo durante muchos años una tienda de comestibles que pusieron algunos hijos de Juan Martínez Ramírez, el panadero, que también tenía una tienda en la calle Tambor. Un poco más arriba, en casas particulares, vivía Brígida, una mujer que siempre conocí mayor, puede que porque yo era un crío y me parecía más vieja de lo que era y esta señora vendía café, aunque lo que más vendía era malta o cebada tostada (en esos tiempos poca gente trabajadora compraba café), se decía café del bueno (era el café) o café de cebada”.
Carmen, otra puebleña, recuerda las colas de mujeres que se formaban para coger agua del pozo, habiéndose dado más de un “tirón de pelos” y otras trifulcas entre vecinas, así como la existencia de otras zapaterías, o la pescadería de Luis, entre otros pequeños comercios.
En torno al año 2022 el Excmo. Ayuntamiento de La Puebla de los Infantes, en el contexto de unas obras de reurbanización de la calle Pozo, el concejal de Patrimonio y Turismo D. Miguel Martínez Ruiz propuso al arquitecto de la Diputación de Sevilla la realización de una recreación del pozo que da nombre a la calle aprovechando un ensanche y con un margen de gasto económico que permitió que finalmente se llevase a cabo. El resultado fue este rincón puebleño, que rinde homenaje a este pozo original que da nombre a la calle, al tiempo que otorga encanto, atractivo cultural y turístico a vecinos(as) y visitantes.
Se agradece la colaboración de Miguel Martínez Ruiz, propietario de la vivienda donde se halla el pozo; a María del Carmen Vargas Carrasco, por abrirnos las puertas de la casa y facilitarnos el acceso; a Francisco Martínez Ruiz y Ana Mantero Cabrera por los datos que permiten contextualizar la historia y a los testimonios de Carmen, Manoli, Francisco, Isabel, Ana, Antonio y otros relatos anónimos que poco a poco pudimos descifrar.
En el video que acompaña esta ficha de catalogación, filmado por Mª Carmen Vargas, observamos el instante en el que el pozo vuelve a ser tapado y que supuso un descubrimiento, mas tratándose de un pozo que durante décadas había permanecido oculto hasta ahora.
Mi agradecimiento a Rosa María Rodríguez Tejera por su bonita acuarela de este pozo tan singular.
Esta ficha tiene sólo carácter informativo y preliminar.
Se recuerda que los datos de partida han sido suministrados por personas físicas y están referidos a fechas concretas.
En cualquier caso, la información colgada en esta página web estará en permanente depuración, a través de las adiciones y modificaciones recibidas, y de las verificaciones y homogeneizaciones de criterio oportunas.
Pozo que da nombre a la CALLE DEL POZO
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