Pozo situado en el interior del dolmen de Menga tiene una profundidad de 19,5 m., la misma longitud que tiene la cámara del yacimiento. No obstante, el dolmen entero mide 25 m de largo y siete de ancho.
Las teorías apuntan a que fue construido para uso hídrico de una población.
Carrión, profesor titular del departamento de Prehistoria de la Universidad de Granada y miembro del Instituto Andaluz de Geofísica, está cada vez más seguro de que el pozo es de la Edad del Bronce, incluso no descarta que se excavase antes de que se edificara el dolmen. Su postura se fundamenta en que en el segundo milenio el agua de la Vega era salada por lo que los habitantes de la zona tendrían que excavar pozos. Además, en la Edad de Bronce, fecha en la que se cree que se edificó Menga (2.500 a. d. C) hubo periodos de sequía bastantes pronunciados. De ahí que fuese habitual que los poblados de aquella época construyesen pozos o aljibes.
El pozo del que ya habló Rafael Mitjana en 1840 y que podría ser coetáneo o anterior a la construcción del dolmen de Menga también guardaba numerosos secretos en su interior. La cavidad que fue localizada poco antes de este verano al realizar una limpieza del interior del dolmen con la intención de buscar el suelo original fue rellenada en el siglo XIX con tierra del túmulo del sepulcro megalítico. En ella, el equipo de excavación ha encontrado restos de distintas épocas y distintos orígenes.
Además de cerámicas del siglo XIX y otros restos del XVIII y esqueletos de animales, los expertos han encontrado varias piedras de ofitas pertenecientes a un martillo de minero y otro totalmente íntegro. Estas herramientas se utilizaron para trabajar las piedras con las que fue construido Menga.