CATÁLOGO
Otros puntos de interés
Coordenadas UTM (ETRS89)
El estanque que aquí estudiamos (fotos 1 y 2) es un pequeño y bello depósito artificial de agua posiblemente construido a fines del siglo XIX ó principios del XX cuyo propósito utilitario era el riego de una pequeña huerta de árboles frutales, situada a pie de monte y en plena Sierra. Dado el sitio en el que se encuentra, es posible que también tuviese un uso ornamental. Es en esta Sierra que llaman “El Lobo”, enfrente de un rodal de pinos, donde se encuentran las ruinas de la antigua «Casa de los Parias» (foto 8), nombre que adquiere este paraje al que se llega por el camino de Gibla a unos 8,5 Km al Noreste de la población.
En el siglo XX, la familia Parias tuvo varias propiedades en el término de La Puebla de los Infantes, entre ellas «La Adelfa», «Las Algeciras» y también en esta nombrada Sierra. La familia en cuestión pertenecía a la familia materna de doña Mª Angustias García Parias (1891-1954) natural de Peñaflor y esposa del ensayista, notario y político español don Blas Infante Pérez de Vargas (1885-1936). Existe constancia en la historia local de la amistad de esta familia con otras familias adineradas de La Puebla, del trabajo de don Blas como notario en el pueblo y de sus visitas a lugares como el cortijo de San Enrique (“El Monte”), propiedad de la familia Hinojosa Santana.
La Sierra del Lobo es una región mediterránea de suelos ácidos, zonas calizas y altitudes inferiores a 500 m s.n.m. Entre olivos, encinas, alcornoques, acebuches y jaras, son numerosos los arroyuelos que discurren por esta Sierra y que vienen a ser afluentes del Regajo de la Cruzada, regajo que desemboca en el arroyo de la Dehesilla. La escasa pluviosidad en lo que llevamos de año se hace patente en el caudal de sus distintos afluentes lo que, sumado a las altas temperaturas, ha precipitado el prematuro desarrolllo fenológico de la floración.
El conjunto está compuesto por:
♦ ESTANQUE: Depósito rudimentario de forma circular, de 15 cm de profundidad y sencilla construcción realizado en ladrillo taco, mampostería y mortero de cal y arena que originariamente revestía tanto su interior como exterior. De su revestimiento interior apenas quedan restos. Sus más de 2 m de diámetro, bordes de 30 cm de grosor y rebosadero en el lado Norte están firmemente adaptados a la topografía del terreno. Lo más “caprichoso” de su básica arquitectura es el “recortado” de sus bordes en el ladrillo. A grosso modo, se trata de un estanque alimentado de agua de manantial localizado en una cota más elevada, a unos 30-40 m regajo arriba, recibiendo su agua a través de la acequia. Antes de su limpieza, se encontraba cubierto de verdina y lleno de tierra.
♦ ACEQUIA: Acequia o canal de menos de 40 m de recorrido sostenido sobre una pequeña pared de piedra y mampostería de tierra y cal (fotos 3 y 4). La mayor parte del recorrido se encuentra enterrado y cubierto de maleza (un higuerón sostiene buena parte de su estructura en el último tramo). Su construcción es sencilla: el típico ladrillo de barro con las medidas propias del ladrillo empleado para su construcción.
La huerta de la hacienda o «Casa de los Parias» (topónimo referido en la cartografía histórica) tenía por estos lares, en la zona de «El Lagar Blanco» (antigua propiedad del Marqués del Contadero), otras dos viviendas con sus respectivas huertas (naranjos, perales, granados, parras, limoneros…), ambas situadas al NW de la Sierra del Lobo, a unos 650 m de la «Casa de los Parias» (foto 9). Se cree que todas ellas pertenecían a miembros de la misma familia (?). La casa de abajo era pequeña y más modesta (foto 10), mientras que la de arriba pertenecía al cortijo (foto 11), en cuyo exterior todavía conserva en buen estado un precioso horno de piedra y ladrillo y que, desde una mirada etnográfica, constituye ejemplar único en esta Sierra. Por otra parte, atendiendo al topónimo que llega hasta nuestros días, «Lagar blanco», se baraja la hipótesis de que con anterioridad al siglo XIX (antes de la irrupción de la filoxera) por esta zona se cultivaban vides de la variedad de uva blanca.
La fuente de la «Casa de los Parias» (hoy considerada “perdida”, foto 5) probablemente tuvo como uso fundamental el abastecimiento de las personas que allí vivían permanentemente y/o las que allí lo hacían por temporadas. Apenas 100 metros arriba, desde la Casa, en un monte apoderado de olivares y jaras, se divisa la Sierra en todas sus vertientes. Se desconoce el aspecto que pudo haber tenido la fuente, aunque la ausencia de restos constructivos en los alrededores nos lleva a pensar que podría tratarse de una fuente rural no ornamental, quizá un manantial “no intervenido”. Ubicada a un nivel superior, el agua se distribuía por su propio pie y se canalizaba mediante acequia, cuyas aguas al rebosar del estanque eran aprovechadas para riego de la huerta y la sobrante iba a a parar al regajo (foto 6). En la actualidad, podemos ver en esta huerta (foto 7) a sus “descendientes frutales”, esto es, naranjos, granados, chumberas de aspecto “fosilizado”, perales silvestres de San Juan (o perales de zorra) y cómo no, una bonita palmera que, así de pronto, rompe el paisaje autóctono serrano en pro de lo alóctono y que imaginamos debió ser en su época un espacio paradisíaco reservado al ocio y descanso.
La Sierra del Lobo fue antiguo hábitat de este mamífero placentario, especie amenazada y extinguida desde hace tiempo. Junto a jabalíes, ciervos y zorros, durante siglos debió ser escenario cinegético de la nobleza, y posteriormente de familias adineradas como la que aquí nos ocupa. En la actualidad, la Sierra del Lobo se la conoce sobre todo por sus exquisitos y abundantes madroños (arbutus unedo) y por su belleza paisajística, uno de los enclaves más más mágicos de nuestro entorno. Todo ello unido a sus abundantes y esbeltas jaras (cistus albidus y cistus ladanifer) la convierte en lugar de referencia para seteros autóctonos y foráneos deseosos del preciado “faisán de jara” (Leccinum corsicum), y que ,en los últimos años, se ha convertido en punto de encuentro y recolección más “cotizado” por los grupos de salida al campo durante las jornadas micogastronómicas que se vienen celebrando en el pueblo desde hace más de una década.
De los tres vértices geodésicos del t.m. de La Puebla de los Infantes que he estudiado (estudio local realizado en octubre de 2019), el vértice de mayor altitud es ”Las Beatas” (foto 12), en la Umbría de doña María. Éste tiene una altitud de 525 m.s.n.m., seguido del vértice “San Cristóbal”(o cerro Santo), en Sierra León, de 467 m.sn.m. El otro vértice es “Vera” (en el mirador “Las Palomas”), de 394 m.s.n.m. El primero que se construye es «San Cristóbal» (vértice que tenemos en común con la vecina Peñaflor), el 22 de junio de 1973, seguido de «Las Beatas», el 27 de mayo de 1974 y finalmente «Vera», el 3 de junio de 1974.
Esta ficha tiene sólo carácter informativo y preliminar.
Se recuerda que los datos de partida han sido suministrados por personas físicas y están referidos a fechas concretas.
En cualquier caso, la información colgada en esta página web estará en permanente depuración, a través de las adiciones y modificaciones recibidas, y de las verificaciones y homogeneizaciones de criterio oportunas.
Estanque de la HUERTA DE LA CASA DE LOS PARIAS
No se ha podido enviar el comentario. Inténtalo de nuevo.