CATÁLOGO
Otros puntos de interés
Coordenadas UTM (ETRS89)
A 180 m de la entrada principal del Cortijo de Los Tomillares —situándonos frente a su cancela, a la derecha— se localiza sin dificultad este viejo ingenio hidráulico, actualmente en ruinas y sin uso, ya que es perfectamente visible desde la carretera Guadalcanal-Cazalla.
Se trata de un molino típico de Guadalcanal, con tipología de cubo, que seguramente se abastecía mediante una derivación del cercano arroyo de Los Molinos o San Pedro. De hecho, aguas arriba y muy cerca del llamado «Molino de Mata La Orden» (ver ficha Otros puntos de interés), parece nacer un canal que discurre suavemente siguiendo las curvas de nivel. Esta acequia cruzaba justo por delante de una balsa, un recinto cerrado con muros de piedra y un par de rebosaderos donde el agua entraba a los dos cubos a través de unos aliviaderos superiores. Tras pasar por los rodeznos, el caudal retornaba al arroyo, que dista de este punto apenas 30 m. Hoy no se aprecian vestigios de acequias posteriores que pudieran llevar agua a ningún otro lugar. Además, al no existir más molinos representados aguas abajo, parece lo más lógico que el agua retornara al arroyo.
Aunque la forma exacta en la que se captaba el agua no está documentada, se podría especular que la acequia de ladrillo —la cual cruza al otro lado de la carretera, pero también llega hasta el final de la finca mediante una bifurcación— contaba con una salida destinada a llenar la balsa.
El acuífero de Guadalcanal-San Nicolás se localiza en el extremo norte de la provincia de Sevilla y está incluido íntegramente en los términos municipales de Guadalcanal, Alanís y San Nicolás del Puerto. Ocupa una superficie de afloramientos permeables de 160 km2 , su forma es alargada en dirección NO-SE, con una longitud de 35 km y una anchura media de unos 4 km.
Sus límites, de carácter tectónico, corresponden a pizarras arcillosas, filitas (rocas pizarrosas de grano fino procedentes del metamorfismo suave de las arcillas, con esquistosidad bien definida) y metavulcanitas (rocas resultantes del metamorfismo de antiguas rocas volcánicas) del Precámbrico y, al sur, a pizarras del Cámbrico inferior. El sustrato impermeable del acuífero lo constituye una potente formación de pizarras arcillosas del Cámbrico inferior.
Tomada de la publicación del IGME “Guía didáctica de los acuíferos del Parque Natural Sierra Norte de Sevilla”, se puede consultar en el siguiente enlace:
https://www.dipusevilla.es/export/sites/diputacion-sevilla-corporativo/.galleries/DOCUMENTOS-descarga/DOCUMENTOS-Medioambiente/Volumen_IIb.pdf
Del conjunto son pocos los elementos que se pueden describir. La balsa que retenía el agua para conducirla hacia los cubos del molino está cerrada mediante un muro de mampostería en seco, impermeabilizado en varias zonas de su cara interna. Su planta es irregular, asemejándose a la forma de un embudo para facilitar, de manera lógica, la concentración del caudal hacia la salida. Actualmente no presenta un cierre perimetral completo. Aunque no se puede garantizar que no lo tuviera en el pasado, el hecho de que el muro sea más alto en el sector de los cubos y casi inexistente en el extremo opuesto sugiere que el recinto permanecía abierto por la zona de captación. Ésta recibiría el agua bien desde la acequia, bien a través de un regajo que llegara hasta allí y del cual no se conservan vestigios.
El ingenio responde a la tipología de molino de cubo; es decir, el agua se conducía mediante un canal para dejarla caer a plomo en un pozo vertical de cierta altura, cuya presión activaba las palas del rodezno. En este caso, el molino cuenta con dos cubos de al menos 4 m de altura, lo que indica que disponía de dos piedras de molienda. En el interior de uno de los de los cubos, actualmente, crece una imponente higuera que tapa prácticamente todo el interior. Los rodeznos estarían dispuestos de manera horizontal en lo más profundo de los cárcavos.
Aunque la sala de molienda debió de contar con una edificación, hoy no quedan restos de ella. No obstante, desde el interior de los cárcavos y mirando hacia lo alto, aún se pueden observar sendas piedras molineras fijas —las llamadas «Soleras»—, una por cada cubo.
Aunque se desconoce la historia particular de este ingenio, su antigüedad debe de ser considerable a juzgar por el buen estado de conservación del muro del recinto. En las minutas cartográficas del MTN50 (catastrones) del periodo 1910-1970, así como en la primera edición del MTN50 (1875-1968), no figura bajo ninguna denominación específica y solo aparece señalado genéricamente como «molino». Es necesario recurrir a las planimetrías de Guadalcanal a escala 1:25.000 —concretamente a un mapa fechado en 1873— para identificarlo con un nombre propio: «Molino de Tomás», emplazado justo en las inmediaciones de un meandro del arroyo de Los Molinos, tal y como se observa en la actualidad.
En cualquier caso, resulta de gran interés consultar la bibliografía especializada sobre los ingenios hidráulicos de Guadalcanal, ya que existen indicios de su actividad desde 1479 (e incluso antes), si bien no es posible determinar con certeza si este ejemplar formaba parte de aquel grupo primitivo:
La arquitectura vernácula de Guadalcanal: Los molinos de agua
En la actualidad, lamentablemente, estos ingenios hidráulicos se encuentran prácticamente desaparecidos, arruinados y cubiertos por la maleza. Antaño, el molino harinero resultaba trascendental para la subsistencia y la economía de la población, ya que permitía moler trigo y otros cereales para la obtención de harina, e incluso es posible que se empleara para la molienda de zumaque destinado a las curtidurías locales. Resulta notable constatar cómo se optimizaban los recursos naturales —en este caso, el hídrico— no solo para el regadío, sino también para el desarrollo de la industria harinera, mediante un diseño orientado a maximizar los resultados con el menor esfuerzo. La posterior industrialización introdujo la mecanización y la automatización de estos procesos, un cambio que en Guadalcanal debió de consolidarse durante el siglo XIX, puesto que parece poco probable que alguno de estos molinos continuara en funcionamiento bien entrado el siglo XX.
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Molino de TOMÁS
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