CATÁLOGO
Manantiales y Fuentes de Andalucía
Coordenadas UTM (ETRS89)
Este es un caso de los múltiples que pueden existir en tierras Guadalcanalenses, tierra rica en agua, donde cada huerta del término suele tener una alberca para riego nutrida de algún pozo cercano que, a penas tome algo de nivel, desagua por gravedad. El agua del pozo manante es conducida bajo tierra hasta una pequeña arqueta donde se ve correr para, acto seguido, derivarla a la alberca que, aislada del estío, es usada para riego pero, en pleno rigor estival, es la deliciosa piscina familiar donde nietos y abuelos se reúnen cada fin de semana para sobrellevar los calores del verano sevillano de la sierra.
Así es, junto a la casa del propietario se dispone esta alberca en invierno y piscina en verano, rodeada de árboles además de una pérgola con malla de sombreo donde hacer barbacoas y disfrutar de una estancia tranquila y relajada.
La zona es llamada “Las Conversaciones”, de ahí el nombre que ponemos a la presente fuente. Baja, porque esta bonita huerta no dispone de una fuente, si no de dos, muy cercanas, y del mismo tipo, una más alta y ésta que nos ocupa. Dado que depende del pozo manante, es muy normal que en fechas de sequía deje de enviar agua a la alberca por lo que ésta ya se extraería mediante bombeo, si fuera preciso.
Lógicamente, es una propiedad privada por lo que la fuente no puede visitarse sin el permiso del propietario.
Son tres los elementos que intervienen en esta fuente. Quizás, el más importante, lógicamente, sería el pozo. Éste es de estructura redonda con algo más de metro y medio de diámetro y un brocal que levanta del suelo poco menos de medio metro, hecho de ladrillo y cemento, y rematado con una portezuela metálica, azul, cuadrada, casi en el centro. Asomándonos dentro no veremos un pozo de gran profundidad porque tampoco la necesita, el agua está a escasa cota y, siendo cristalina, nos deja ver perfectamente el tubo, sumergido un par de palmos en fechas otoñales (no mucho más), por donde el agua es conducida mediante una cañería, posiblemente de polietileno, que atraviesa toda la huerta hasta llegar a la arqueta de registro que sería el elemento más identificable como fuente, y que describimos a continuación. El interior del pozo, sobre todo en su tramo superior, está construido en ladrillos, no así las zonas bajas que parece un agujero natural, casi podría adivinarse una pequeña galería de captación en el lateral.
Apenas a 3 m de la alberca localizamos la arqueta de registro en el suelo cementado del recinto. Se encuentra cerrada mediante una portezuela metálica, cuadrada. Cuando la abrimos descubrimos realmente la fuente, un tubo de polietileno que sale encastrado de la pared y que el propietario, Antonio, tuvo que desatascar cuando compró las tierras ya que estaba atorado. No sale un gran caudal, apenas un buen chorrillo, pero es suficiente estando las 24 horas manando. La arqueta, que puede tener unos 40 cm de lado tiene poca profundidad, quizás 30 cm., si acaso. La salida del agua de la arqueta se realiza por un agujero en el lado contrario del caño manante que, mediante tubería, conduce el agua hasta el elemento final, la alberca.
Con respecto a la alberca, es de forma cuadrada de unos 4,5 m de lado. No tiene mucha profundidad, quizás medio metro y hoy nos la encontramos encalada, pero es de suponer que, en otros tiempos, sería de color cementero. Tiene, en una esquina, una pequeña escalera de material, también encalado, que entra en el agua para facilitar el acceso.
La familia que habita en esta huerta, jubilada, tiene en ella un pequeño oasis de retiro de tranquilidad con diversos frutales como Naranjos, Granados, Almendros, etc. Los fines de semana y vacaciones es el lugar de reencuentro familiar.
Manuela Nieto, vecina de Guadalcanal, nos cuenta la historia del nombre de la Huerta, Las Conversaciones;
Al parecer, un hombre heredó las tierras que, por aquel entonces, eran un mero pedregal. El hombre, junto con su hijo, quiso hacer de aquella tierra pedregosa una huerta y, para ello, decidió retirar todas las piedras, pero eran tantas piedras que la labor le llevó mucho tiempo hacerlo. El esfuerzo titánico del padre y su hijo terminó por llegar a oídos de los vecinos del pueblo que se iban acercando, un día, y otro, a las cercanías para verlos trabajar. Finalmente, lograron hacer una huerta retirando todas las piedras y decidieron ponerle el nombre de Las Conversaciones por el murmullo de la aglomeración de los vecinos que les observaban. Es una historia que se cuenta de padres a hijos, no sabemos si es verdad, pero ahí está, la Huerta de Las Conversaciones. Otra vecina, propietaria de una huerta aledaña, también confirma la historia que ya se la contaba su padre.
Se agradece la ayuda y colaboración de Cloti Sánchez, vecina de Guadalcanal y entusiasta de los mosaicos antiguos pero, sin duda, se agradece enormemente la generosidad y amabilidad de Antonio y su señora, dueños de la huerta, por enseñarnos sus fuentes y permitirnos entrar en su casa casi como si fuera la nuestra.
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Fuente Baja de LAS CONVERSACIONES*
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